Los murmullos. Textos de ocasión

R y yo nos hemos escapado un rato al agua. Ahí, a solas, ella me enseña a flotar. (“Estira los brazos y las piernas”, me dice, sosteniéndome aún, “intenta no pensar en nada, si piensas te hundes”). A mis cuarenta y tantos, aprendo a flotar entonces. Cierro los ojos y me ilusiono y no me hundo. Después de un rato ella se pone a flotar a mi lado.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Carrito de compra