La democracia en Bolivia ha estado marcada por la influencia de masivas movilizaciones de sectores populares e indígenas. A principios de los años 80 del siglo XX, estas movilizaciones facilitaron la recuperación de la democracia, permitiendo la elección de gobernantes en las urnas y la defensa constante del orden democrático a través de huelgas, marchas y bloqueos de caminos. La democracia que prevalece hoy se ha construido con el protagonismo de amplios sectores sociales que han luchado incansablemente por mejorar las condiciones de bienestar social para la mayoría de la población.
En este sentido, la democracia se entiende como un valor social que busca un orden político inclusivo y participativo, promoviendo una mayor equidad en la distribución de la riqueza y fomentando una convivencia solidaria entre los ciudadanos. Esta concepción de democracia trasciende las normas institucionales, proyectándose hacia nuevas opciones s0ciopolíticas que amplían los espacios de participación en la toma de decisiones políticas.
Las luchas sociales y políticas han sido fundamentales para la sostenibilidad de la democracia en Bolivia, a través de las cuales los pueblos indígenas y los sectores populares han buscado la constitución de un gobierno que posibilite mayor participación política, equidad en la distribución de la riqueza y mejores condiciones de vida. Se presenta una reflexión interpretativa sobre la contribución de las movilizaciones populares indígenas al proceso de democratización, analizando momentos históricos significativos que han permitido la apertura y el mantenimiento de la democracia en Bolivia.