Elecciones peligrosas

“…Ya está lo que solicitó, doctor. Espero que acepte”. La voz sonó animada. Supuse que llegaría esa llamada. La llamada presidencial, a principios de la tarde soleada, calurosa para los parámetros paceños, daba continuación a la conversación del lunes 18 de noviembre de 2019 en el segundo piso del Palacio Quemado. Puntual, a las tres, me recibió Jeanine Añez, a quien conocí ese día. Llevaba menos de una semana de presidenta, en un ambiente revuelto y tenso, de expectativas y temores contrapuestos…
A Salvador Romero Ballivián le tocó conducir el excepcional ciclo electoral boliviano 2020-2021 y nadie mejor que él para hacerlo por los enormes desafíos que esa misión entrañaba para una democracia frágil que salía de unas fallidas elecciones y en medio de la peor pandemia que azotó a la humanidad.
Conocemos muy bien sus enormes aportaciones a la democracia de su país natal, Bolivia, y de toda América Latina. Lo que describe Salvador es más que la rutinaria gestión de un proceso electoral, es el trabajo político al más alto nivel, discreto, cauteloso y sin estridencias, que lo llevó a hilar fino desde el Tribunal Supremo Electoral y hacer que Bolivia superara la prueba de una elección crucial para la estabilidad del país.
Laura Chinchilla, expresidenta de Costa Rica

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