Al iniciar la lectura de la novela de Ximena Santaolalla sentí que bajaba al séptimo círculo del infierno de Dante reservado para los violentos y los bestiales. (CAROL ZARDETTO)
A veces despierto temblando comparte círculo con novelas de Horacio Castellanos Moya, así como con El material humano, de Rodrigo Rey Rosa y La casa del dolor ajeno, de Julián Herbert, es decir, se inserta en el círculo que podría llamarse «de genocidios». […] sin embargo, no se queda en Guatemala: a través de dos de los kaibiles que la protagonizan, se adentra en el México de la corrupción militar, del tráfico de personas y del asesinato sistémico de migrantes centroamericanos. Es por esto que también comparte subconjunto con Los migrantes que no importan, de Óscar Martínez, Antígona González, de Sara Uribe, Señales que precederán al fin del mundo, de Yuri Herrera y El libro centroamericano de los muertos, de Balam Rodrigo. […] es una gesta de recursos técnicos […] [que] inventa un lenguaje propio (uno para cada uno de sus narradores, además). Santaolalla construye una arquitectura única, una arquitectura que deja amplios corredores y larguísimos pasillos para que el lector los llene con su presencia. (EMILIANO MONGE, EL PAÍS)




