Guttentag

El libro es producto de decenas de horas de conversaciones grabadas entre Gurtner y Guttentag y abarca toda la vida del que sería el editor boliviano más importante.

La primera parte de la biografía de Guttentag, y determinante de su identidad, transcurre en la ciudad entonces alemana de Breslau, hoy Wroclaw, en Polonia. Allí, Werner se crió como el hijo consentido de Erich, un próspero comerciante en telas, orgulloso veterano del Ejército imperial alemán en la I Guerra Mundial, y de Margarethe Tichauer, observante de los principales ritos judíos.

Esto, hasta el ascenso de los nazis al poder en 1933, cuando Werner cumplía 13 años. Con el antisemitismo en el núcleo de su ideología, los nazis determinaron que lo único que definía a los Guttentag era su judaísmo. No como religión, pues no eran especialmente practicantes, sino como etnia, como la sangre irremplazable que corría por sus venas.

Todo lo que siguió fue caída en barrena. No sólo la ruina económica, producto de las políticas de exclusión nazis, sino la pérdida de derechos a una velocidad exponencial, y la dolorosa extirpación de su identidad alemana. “Yo me sentía tan alemán como puede sentirse un católico o un protestante”, se lamentó Werner años más tarde.

Una breve, pero persuasiva estadía en un campo de concentración por el delito de ser judío apresuró a Erich a tomar la decisión de sacar a su familia del III Reich. Los Guttentag fueron los afortunados beneficiarios de la política de apertura de Germán Busch, persuadido por el barón del estaño judío alemán Mauricio Hochschild, con el fin de salvar tantas vidas como fuera posible de las fauces de la criminal maquinaria nazi.

Chamuscados y apenas con la ropa puesta, los Guttentag recalaron en ese sitio remoto de nombre exótico llamado Cochabamba, tan distinto de la cultísima Breslau. Del centro de Europa central, al corazón del corazón de Sudamérica. Allí, en la cima del monte San Pedro, a sus 18 años, el joven Werner hizo una profunda reflexión sobre su identidad y decidió hacerse boliviano y cochabambino —cosa que lograría— y dejar atrás su alemanidad y su forzado judaísmo —cosas que no lograría del todo—.

Impulsado por su amor a los libros (¡cómo le dolió la quema de libros por los nazis!) su determinación de fundar una editorial a sus 25 años colocaría a Werner en la privilegiada posición de testigo de primera línea de la historia boliviana, a través de los ojos de sus principales escritores e intelectuales, hasta su muerte en 2008.

Hay revelaciones interesantísimas sobre la Revolución Nacional, sobre el período de las dictaduras, sobre su “relación” con Klaus Barbie, sobre la guerrilla del Che, sobre numerosos autores, y profundas y agradecidas reflexiones sobre la vida boliviana.

Numerosas veces, durante la traducción, tuve que parar, con el corazón estrujado y respirar profundamente. Así de intensa es esta biografía y así de poderosamente escribe Gurtner.

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